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Multitasking: la trampa que me hizo sentir productivo mientras no hacía nada bien

Health, Historias de proyectos, LifeStyle, Productividad Jul 20, 2025

Durante años, creí que ser “multitask” era una habilidad de oro. De esas que pones con orgullo en el CV y que te hacen sentir como un ninja del emprendimiento. Me enorgullecía de decir que estaba en diez proyectos al mismo tiempo, atendía clientes mientras respondía correos y actualizaba mi agenda con ideas que, spoiler, jamás ejecuté bien.

Pero un día me di cuenta de algo incómodo: no estaba avanzando. Estaba girando como hámster en una rueda, exhausto, sin terminar nada con calidad.

Cuando 

hacer de todo

 es hacer 

nada bien

Tenía post-its por todos lados. Una agenda reventada de tareas a medio hacer. Pensaba que solo necesitaba más horas al día. Pero la verdad era más simple (y más dura): no necesitaba más tiempo, necesitaba foco.

Empezaba el día con una lista de pendientes… y al minuto cinco, ya me había desviado: un mensaje de un cliente, una actualización de software que “mejoraría mi rendimiento”, una reunión improvisada, una llamada urgente. Resultado: tareas sin profundidad, decisiones sin análisis, y al final del día… la sensación de haber hecho mucho, sin avanzar nada.

¿Por qué caemos en esta trampa?

Porque el multitasking se siente productivo. Estás ocupado, con muchas pestañas abiertas, el teléfono suena, Slack no para, y tú te sientes importante. Pero esa falsa sensación de avance es solo eso: falsa.

Estudios del MIT y Stanford han demostrado que hacer varias cosas a la vez disminuye la calidad del trabajo, ralentiza la productividad y agota más rápido al cerebro. El multitasking crónico, lejos de hacerte mejor, te hace mediocre con burnout.

La solución: priorizar, enfocar, decir que no

Aprendí que no todas las ideas valen lo mismo, ni todas las tareas son urgentes. Hoy prefiero hacer tres cosas bien que veinte mal. Prefiero trabajar dos horas enfocadas que ocho dispersas. Y, sobre todo, aprendí a decir que no.

No a tareas innecesarias.

No a distracciones disfrazadas de trabajo.

No a proyectos que no aportan.

Y no, no me volví minimalista con frases en la pared. Solo entendí que hacer menos puede ser la mejor estrategia para avanzar más.

En resumen

Ser multitask me hizo sentir productivo… hasta que entendí que solo estaba evitando hacer lo importante.

Y ahora que lo sé, lo grito:

Multitask no es un superpoder. Es una trampa con buen marketing.

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