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© Eduardo Glz. Desarrollado por Fraktalweb.

El perfeccionismo es la excusa elegante de los que tienen miedo

Mi camino profesional, Productividad, Reflexiones Jul 27, 2025

Durante mucho tiempo creí que ser perfeccionista era casi un superpoder. En entrevistas de trabajo incluso lo usaba como virtud: “Mi mayor defecto es que soy perfeccionista”. Spoiler: no era una virtud, era una trampa.

Con el tiempo descubrí que el perfeccionismo es como tener un Ferrari en un embotellamiento. Sí, el motor ruge precioso… pero no te lleva a ningún lado. Y peor: mientras esperas a que todo esté “perfecto”, otros ya salieron, probaron su idea, fallaron, aprendieron y ahora están en la meta antes de que tú termines de ajustar el color del logo.

La perfección que nadie pidió

He estado en proyectos donde dedicamos horas (y hasta semanas) a pulir detalles minúsculos para que el producto saliera “perfecto”, pero… ¿de qué sirve si nadie lo usa? ¿Qué sentido tiene un software que parece obra de arte pero nunca se lanza porque “aún no está al 100”?

En el mundo digital, la perfección es una ilusión. Lo que vale es salir rápido, probar, iterar y ajustar sobre la marcha.

El equilibrio entre calidad y velocidad

No digo que debamos hacer las cosas mal y lanzar cualquier cosa. Pero entre “suficientemente bueno para validar” y “perfecto”, casi siempre gana la primera opción. La rapidez para llegar al mercado, recibir feedback real y mejorar es mucho más valiosa que quedarse en el limbo del perfeccionismo.

Lo aprendí a golpes (y con café frío en la madrugada): la perfección no paga facturas, pero la ejecución sí.

El perfeccionismo como miedo disfrazado

Al final, el perfeccionismo es solo una forma elegante de decir: “Tengo miedo de que me juzguen” o “No quiero que vean mis errores”. Es como cuando tienes un texto para publicar y lo revisas 20 veces para asegurarte de que esté perfecto… y al final nunca lo publicas. (Sí, me ha pasado. Muchas veces.)

Conclusión

Lánzate, aunque no esté perfecto. Mejor recibir críticas reales que quedarse atrapado en un mundo imaginario donde todo es impecable pero invisible.

La ejecución imperfecta siempre vence al perfeccionismo que no se atreve.

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