Tres tipos de clientes… y por qué solo uno merece un trato especial
Business, Culture, Historias de proyectos, Mi camino profesional, Reflexiones May 16, 2025
Después de trabajar durante años con decenas de empresas, marcas y emprendedores, he aprendido que no todos los clientes son iguales. Y no lo digo desde un juicio de valor, sino desde la experiencia de haber caminado al lado de distintos perfiles, cada uno con su propio ritmo, visión y forma de entender el mundo digital.
Algunos de ellos me han dejado grandes lecciones. Otros, simplemente, grandes anécdotas.
1. El cliente exprés (o el que quiere todo para ayer)
Este es el clásico que aparece con urgencia en cada mensaje. Todo es “URGENTE”, todo era “para ayer”, pero —curiosamente— cuando se trata de pagar o de firmar una propuesta, el sentido de urgencia desaparece como por arte de magia.
Son exigentes, sí. Pero no porque quieran calidad, sino porque creen que la velocidad reemplaza la estrategia. Normalmente, buscan el precio más bajo del mercado, pero quieren resultados de primer mundo.
Recuerdo especialmente a uno que me dijo sin filtros:
“Voy a ser directo: no quiero más de lo mismo. No me ofrezcas un plan estándar. Quiero algo realmente diferente, algo disruptivo.”
Perfecto, pensé. Lo que siempre soñé.
Le enviamos una propuesta disruptiva, fuera del molde, pensada exclusivamente para su necesidad. Nunca volvimos a saber de él.
Lo disruptivo, parece, no era tan atractivo cuando requería compromiso.
2. El cliente con mil ideas (pero sin tiempo ni enfoque)
Luego están los que llegan cargados de entusiasmo y planes.
Quieren una app, una web, un CRM, un funnel de ventas y una estrategia de contenido con inteligencia artificial. Todo suena increíble… hasta que empieza el proyecto.
No contestan correos. No tienen tiempo para reuniones. Nadie dentro de la empresa sabe quién toma decisiones. Y lo más grave: no hay cultura digital dentro del equipo.
En estos casos, no falla: por más que desarrollemos herramientas increíbles, terminan abandonadas porque nadie las integra a su operación.
No se trata solo de dinero. La transformación digital requiere tiempo, visión y liderazgo. De lo contrario, no hay estrategia que funcione.
Una herramienta sin usuarios es solo un gasto, no una inversión.
3. El cliente caótico… pero consciente
Y luego están los clientes que, a pesar de tener una operación hecha un caos, entienden que la tecnología no es un lujo, sino una necesidad urgente para escalar.
Son transparentes, honestos sobre sus dolores, y aunque no tienen todo el tiempo del mundo, hacen espacio para las cosas importantes.
Se involucran.
Nos escuchan.
Nos permiten proponer y construir con ellos.
Con estos clientes da gusto trabajar. No solo porque valoran lo que hacemos, sino porque confían, delegan y se comprometen. Muchas veces terminamos dándoles descuentos, ajustando presupuestos o proponiéndoles modelos flexibles… porque sabemos que vale la pena crecer junto a ellos.
¿Y tú? Qué tipo de cliente has llegado a ser?
Este texto no es para señalarte. Es para que reflexionemos juntos.
Porque en esta era de la eficiencia, no basta con querer digitalizarse. Hay que entender lo que eso implica.
Como dicen por ahí:
“Todos los negocios son digitales, el problema es que algunos todavía no lo saben.”
Invertir en tecnología no es solo contratar software, es comprometerse con una nueva forma de operar, pensar y liderar.
Y tú, ¿estás listo para eso?