La Primera Venta
Historias de proyectos, Mi camino profesional Sep 26, 2024
Lecciones de un Emprendedor desde su Habitación.
Cuando comencé a emprender, mi oficina era mi cuarto, mi escritorio una parte improvisada de un estante de almacenaje, y mi equipo de trabajo, una poderosa HP All In One con 2 GB de RAM (sí, ese detalle es puro sarcasmo). No había espacio para lujos; no porque no quisiera, sino porque simplemente no podía. Mi objetivo era claro: conseguir clientes lo más rápido posible, porque el tiempo era un recurso escaso.
En aquel entonces, mi esposa, que en ese momento era mi novia, trabajaba en una agencia de publicidad. Yo había descartado la idea de convertirme en el Mike Ross del mundo del derecho y nuestra única fuente de ingresos era su sueldo como desarrolladora junior. La incertidumbre era aterradora, pero al mismo tiempo, esa misma incertidumbre me impulsaba. Siempre he encontrado una extraña motivación en las situaciones que me desafían hasta el límite.
Con un libro gigante que mi novia trajo de la oficina, comencé a construir una base de datos de clientes potenciales. Este libro no estaba diseñado para eso, era más bien una especie de sección amarilla, pero para mí era oro puro. Transcribía uno a uno los correos, nombres y contactos de las empresas en un Excel que luego usaba para enviar mailings de promoción. En ese entonces, los mailings eran interminables bloques de texto que nadie leía. Decidí simplificarlo: letras enormes y una llamada a la acción que, en ese entonces, no era más que un simple «llama por teléfono».
El tiempo pasó y, a pesar de recibir respuestas, no lograba convertir esas interacciones en proyectos concretos. Recuerdo un caso particular: un cliente interesado, pero necesitaba que estuviera dado de alta en Hacienda para poder facturar. Mi desconocimiento en ese entonces me frenó, y no pude avanzar. Poco a poco me di cuenta de que cada cliente potencial tenía necesidades diferentes, y fue entonces cuando decidí perfeccionar mi enfoque.
Me pasaba las noches investigando y tomando cursos de marketing digital. Descubrí un software que reconocía correos electrónicos en sitios web, lo que me permitió ampliar mi base de datos de forma considerable. No solo eso, sino que comencé a categorizar a los clientes por giro y a personalizar los copys para cada uno de sus mailings. Y entonces, bingo: los clientes comenzaron a llegar.
Uno de los primeros fue una organización turística a la que aún le tengo un gran aprecio. Nos contactaron para realizar su página web y quedaron maravillados con el resultado. No sabían que eran uno de nuestros primeros grandes proyectos, pero nosotros pusimos todo nuestro esfuerzo para que ese sitio web quedara perfecto. Desde ese momento, nuevos proyectos comenzaron a llegar, cada vez más complejos. Pero esos, los dejaré para otras notas.
Quiero cerrar con una reflexión: cuando las situaciones te llevan al límite, aprovecha ese empuje. Usa la adversidad como aliciente para enfocarte en tus objetivos y hacerlos realidad.