El día que nos robaron un proyecto
Historias de proyectos, Reflexiones Abr 27, 2025
En ese momento estaba cursando mi segunda licenciatura en Administración de Empresas, cuando recibí una invitación para participar en un hackatón que se realizaría en el Centro Fox, en León, Guanajuato. Estábamos en los primeros años de la empresa, llenos de energía, hambre de aprender y con muchas ganas de generar proyectos disruptivos.
Sin pensarlo demasiado, reunimos al equipo de trabajo que teníamos en ese momento —personas talentosas y comprometidas— y nos lanzamos desde Morelia hasta León. Fueron varias horas de carretera, pero llegamos con toda la actitud.
Desde el inicio, notamos que muchos de los asistentes eran estudiantes sin experiencia sólida en desarrollo o tecnología. Como parte de las reglas del evento, a nuestro equipo nos asignaron obligatoriamente a algunos alumnos de la universidad organizadora para que la participación fuera válida.

La temática era clara: soluciones innovadoras para el cuidado del agua. Nos pusimos manos a la obra.
Nuestro equipo trabajó intensamente desde el primer minuto. Hicimos una investigación rápida pero profunda, benchmarks, estructuración clara del proyecto. En poco tiempo aterrizamos una idea fuerte: una app que, mediante realidad aumentada, pudiera leer los medidores de agua en los hogares y, usando algoritmos, detectar consumos irregulares o posibles fugas. Además, incluía un sistema de recompensas en alianza con marcas, incentivando a las familias a reducir su consumo.
Desarrollamos un prototipo funcional en menos de 48 horas. Teníamos el concepto, el diseño, las validaciones y hasta una presentación sólida. Lo llevamos al podio y lo expusimos frente a los jueces, quienes nos dieron observaciones muy positivas.
Todo indicaba que íbamos por buen camino.
Hasta que llegó la premiación.
El primer lugar fue para… el equipo que estuvo todo el tiempo justo al lado de nosotros. Su proyecto: una aplicación que, mediante realidad aumentada, leía medidores de agua y recompensaba el ahorro. ¿Te suena? No tenían prototipo. No habían hecho investigación. No presentaron ningún desarrollo. Solo láminas en PowerPoint.
Al principio no lo podíamos creer.
Íbamos de regreso a Morelia cuando comenzaron a llegarnos mensajes de texto y llamadas. Fueron justamente los alumnos que nos asignaron —esos que sí trabajaron con nosotros— quienes nos contactaron: “¡Es el mismo proyecto que nosotros hicimos!” Nos lo confirmaron con sorpresa e indignación. Ellos lo sabían, porque vivieron todo el proceso con nosotros.
No lo pensamos mucho. Dimos la vuelta en la carretera y regresamos a León para pedir explicaciones.
Pero todo había terminado. Los organizadores ya se habían retirado. No hubo a quién reclamarle. Nadie nos escuchó. Nadie se hizo responsable, a pesar de que teníamos pruebas, capturas, documentación, y sobre todo, una app funcional.
Ese día regresamos con un nudo en la garganta. Frustrados. Enojados. Injustamente tratados.
Pero también con una lección valiosa que marcaría nuestra forma de trabajar desde entonces:
Trabaja en silencio. No seas ruidoso mientras creas.
Protégete. No cuentes la idea hasta que esté blindada. No expongas lo que aún no has lanzado. Planea. Estructura. Crea con intención. Y cuando estés listo, salta con precisión. Como un ninja. Sin ruido. Directo al objetivo.
Así es como decidimos construir proyectos de ahora en adelante.