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El regalo que me habría gustado recibir

Reflexiones Ene 03, 2025

Cuando era niño, mi época favorita del año era la Navidad, y aún más el Día de Reyes. Pasaba largas horas pensando en qué pedir de regalo. Recuerdo que lo que siempre pedí y nunca me lo trajeron fue un carro eléctrico Power Wheels, de esos que se veían geniales en los comerciales en canal 5. Aunque, eso sí, me regalaron muchas otras cosas. Como suele suceder, la espera de un regalo se vuelve más especial que el propio objeto, pero hoy, mirando atrás, me doy cuenta de que si pudiera regalar algo a mi “yo” de 5 o 7 años, probablemente sería algo más profundo que cualquier objeto material.

Quizá un libro, aunque soy consciente de que a esa edad no hubiera apreciado lo suficiente el poder de los libros. O tal vez una libreta, porque me hubiera encantado poder escribir mis pensamientos e ideas, algo que ahora sé que puede cambiar la forma de ver el mundo. Pero más que cualquier objeto físico, creo que lo que realmente me habría ayudado sería una simple frase: “No hagas lo que los demás creen que debes hacer, haz lo que te haga feliz.”

Durante mucho tiempo, el cumplimiento de las expectativas ajenas fue el centro de mis esfuerzos. ¿Cuántas veces, cuando era pequeño, quise pedir algo diferente solo para ajustarme a lo que se esperaba de mí? A veces, incluso ahora, es difícil no caer en la trampa de lo que “deberíamos” hacer en lugar de lo que realmente queremos hacer.

Lo curioso es que estamos rodeados de expectativas ajenas todo el tiempo. Lo que está bien visto, lo que se supone que es el “camino correcto” hacia el éxito, lo que dicta la sociedad sobre cómo debemos vivir nuestra vida. ¿Pero realmente hemos reflexionado sobre si eso es lo que nos llena? En la mayoría de los casos, no.

Si pudiera volver atrás y regalarme algo más, sería esa frase: “Haz lo que te haga feliz.” Esas palabras habrían sido una brújula para navegar los años venideros, cuando tantas veces la incertidumbre o la presión social me hicieron dudar de mis propios deseos. Porque, seamos honestos, todos hemos sido víctimas de esos consejos de “haz esto porque es lo que se espera” o “sé el mejor para cumplir con las expectativas de los demás”, sin pensar si realmente lo que hacíamos era lo que nos llenaba.

Como padres, nuestra responsabilidad no es solo asegurarnos de que nuestros hijos saquen buenas calificaciones o tengan un futuro prometedor. Es mucho más amplio que eso. Se trata de alentarlos a descubrir sus pasiones, a ser auténticos consigo mismos y a comprender que no siempre hay un solo camino hacia el éxito. La vida no es una lista de logros a marcar, es un viaje de exploración constante, de caídas y aprendizajes.

Hoy, cuando miro a mis hijos, trato de transmitirles esa lección. Intento guiarlos para que entiendan que lo importante no es seguir lo que todos esperan, sino lo que realmente les apasiona. Mi objetivo es que crezcan sintiendo que lo que ellos elijan hacer, siempre que los haga felices, será el camino correcto.

Y, si de regalos se trata, ahora sé que el mejor obsequio que puedo darles es la libertad para ser ellos mismos. Sin presiones, sin expectativas, solo con la confianza de que lo que más importa es que hagan lo que les llene.

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