• Inicio
  • Acerca de mi
  • Categorias
    • Mi camino profesional
    • Historias de proyectos
    • Reflexiones
  • Contacto

© Eduardo Glz. Desarrollado por Fraktalweb.

LinkedIn también se llenó de gente actuando éxito

Business, Culture, Reflexiones May 30, 2026

Antes criticábamos a Instagram por falso.

Por esa necesidad de mostrar una vida perfecta, cuerpos perfectos, viajes perfectos, rutinas perfectas y comidas perfectas. Y sí, era evidente que había algo agotador en esa obligación silenciosa de solo enseñar lo bonito. Nadie quiere ver tu peor momento todo el tiempo, claro, pero tampoco queremos una realidad plástica donde parece que todos viven dentro de un comercial.

Lo curioso es que mientras nos burlábamos de eso, LinkedIn se fue convirtiendo en otra versión de lo mismo.

Solo que con saco.

De red profesional a vitrina de autoimportancia

En un inicio, LinkedIn se sentía como una plataforma realmente interesante. Un lugar para hacer networking, conectar con personas que compartían intereses profesionales, encontrar oportunidades, aprender de otros perfiles y crecer dentro de un entorno más serio. O al menos esa era la promesa.

Hoy, en cambio, abrir LinkedIn muchas veces se siente como entrar a un auditorio lleno de gente con megáfono diciendo:

“Véanme todos. Soy potencialmente exitoso. Tengo una mentalidad distinta. Veo la vida como ustedes todavía no entienden”.

Y eso, honestamente, ya cansa.

Porque la plataforma dejó de sentirse como una red profesional para empezar a parecer una competencia de quién fuerza mejor una moraleja. Todo se convierte en “aprendizaje”. Todo se vuelve “lección”. Todo se recicla como si fuera una epifanía de negocios.

Ayer alguien vio una moneda en la calle y de alguna manera eso terminó convertido en una reflexión sobre inversión, disciplina financiera, visión de futuro y mentalidad de abundancia.

Ese tipo de publicaciones abundan.

Historias infladas.
Reflexiones forzadas.
Anécdotas mínimas convertidas en manifiestos.
Frases de échaleganismo corporativo disfrazadas de profundidad.

El problema no es compartir, es performar

Y no es que esté mal compartir una idea o una experiencia. El problema es cuando todo suena fabricado para parecer valioso, aunque no diga absolutamente nada.

Ese es el punto más incómodo de LinkedIn hoy: mucha gente ya no escribe para comunicar, sino para performar competencia, liderazgo, resiliencia, visión, estrategia, hambre, disciplina y cualquier otra palabra que suene bien en una junta de recursos humanos.

No están hablando.

Están actuando una versión profesionalmente deseable de sí mismos.

Como en Instagram se actuaba la vida perfecta, en LinkedIn ahora se actúa la mente perfecta para el mercado.

Y eso produce una especie de fatiga muy particular. Porque no solo estás viendo gente compartir logros o trayectorias. Estás viendo personas tratando de posicionarse constantemente como alguien que “piensa diferente”, “aprende de todo”, “convierte cualquier detalle en una lección” y “siempre está listo para liderar el cambio”.

Demasiada pose.
Demasiada narrativa personal optimizada.
Demasiada hambre de validación disfrazada de marca profesional.

El molde ya se nota demasiado

Lo peor es que la estética ya está tan clara que uno puede reconocer el molde de inmediato:

una anécdota aparentemente cotidiana,
un giro reflexivo exagerado,
tres saltos de línea estratégicos,
una conclusión medio mesiánica,
y listo: contenido preparado para parecer humano, cercano e inspirador, aunque huela a cálculo desde la primera frase.

Y aquí es donde LinkedIn empieza a volverse incluso más incómodo que Instagram.

Porque al menos Instagram siempre fue bastante honesto en su superficialidad. Nunca fingió demasiado ser otra cosa. Sabías que estabas entrando a un escaparate.

LinkedIn, en cambio, se presenta como una red de valor profesional, pero cada vez se siente más invadida por una teatralidad muy específica: la del éxito narrado en tiempo real por personas que necesitan parecer valiosas incluso cuando no tienen nada nuevo que decir.

Todo tiene que comunicar crecimiento.
Todo tiene que dejar enseñanza.
Todo tiene que reforzar reputación.
Todo tiene que construir personaje.

Y así, lo profesional empieza a descomponerse en espectáculo.

La plataforma todavía sirve, pero cada vez cuesta más encontrar lo valioso

No digo que toda la plataforma sea basura. Sigue habiendo gente interesante, publicaciones útiles, trayectorias inspiradoras y conversaciones que sí aportan. Pero cada vez cuesta más encontrarlas entre ese mar de reflexiones forzadas, autosuperación prefabricada y storytelling de oficina que convierte cualquier tontería en una supuesta revelación.

Mi LinkedIn se ha ido volviendo eso: un flujo interminable de publicaciones que no buscan decir algo, sino sonar como alguien que merece ser escuchado.

Y hay una diferencia enorme entre ambas cosas.

Porque una red profesional debería ayudarte a encontrar personas valiosas. No obligarte a soportar una fila infinita de gente tratando de parecerlo.

Conclusión

Quizá el problema de LinkedIn no es que la gente quiera verse profesional. Eso sería normal. El problema es que demasiados perfiles ya no intentan mostrar lo que hacen, sino fabricar una identidad aspiracional a base de frases, moralejas y autoimportancia.

Antes las redes nos vendían vidas perfectas.

Ahora también nos quieren vender personalidades laborales perfectas.

Y sinceramente, no sé cuál de las dos versiones cansa más.

Compartir
Facebook Twitter Linkedin
Antiguos

Leave A Comment